MORÁN, César (2000): Reseña histórico artística de la Provincia de Salamanca, Diputación Provincial de Salamanca. Procede de la reimpresión del original: César Morán Bardón (1946) “Reseña histórico-artística de la provincia de Salamanca”, prólogo de Blas Taracena Aguirre, Universidad de Salamanca.

 Pág. 73, 74

 La quinta y última mansión salmantina es Sibariam. Nada nos dicen los miliarios porque al norte de Salamanca no se encuentra ninguno. Sólo en un regato de Calzada de Valdunciel hay algunos partidos y seccionados sirviendo de pasarelas (1), pero mudos, sin letras ni cifras. Para localizar esta mansión no hay más datos que la distancia, sin salirse del camino; 21 millas desde Salmantice; 21 millas antes de Ocellodurii, que es Zamora. Esa medida nos lleva al límite de las dos provincias, a los montes del Cubo, donde los autores en general colocan esta mansión, excepto alguno que la lleva a Peñausende, y aun a la Puebla de Sanabria. El punto preciso creemos que sea Izcala, en nuestra provincia. Se ven por allí zanjas de donde han sacado cimientos de antiguas edificaciones para construir cercados. Dicen los labradores que, al hacer calicatas, han encontrado calaveras y huesos humanos. En un pleito del siglo XVII, entre el dueño de este monte, que eran las monjas Úrsulas de Salamanca, y los renteros, se le llama «dehesa y término de Izcala», «despoblado de Izcala», «lugar y término de Izcala». Hay también Izcalina; que le da cierta importancia (2). Después de recorrer los alrededores para ver si se encontraba otro poblado o despoblado que atrajera a sí la mansión con tanta o mayor razón como Izcala, se pude decir que no existe. También es raro que hay tres vocales iguales en el antiguo nombre de Sibariam (3), uno de los modos como se escribía, y en el moderno Izcala. Este punto sirvió más tarde para la división de obispados de Salamanca y Zamora.

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 Nuestra calzada seguía, desde la Puerta del Sol en que la hemos dejado, al campo, por lo que después fue calle de Sordolodo o de Meléndez, hacia la moderna Puerta de Zamora, en dirección a esa ciudad. Al paso del ferrocarril portugués, se dirige por el paseo del Gran Capitán al Prado de Panaderos, en que se junta con la carretera actual. Por aquí dejó de usarse hace unos ochenta y cinco años, reemplazada por la carretera de Villacastín a Vigo que lleva la misma orientación. Reaparece antes de Aldeaseca, pasa junto a la charca de ese pueblo, lo atraviesa y, después del cementerio, se coloca a la derecha de la carretera y va Pinar adelante.

 Después del Pinar pasa al pie del antiguo castro llamado la Seta, Septa (4), cuyos fosos se conservan en parte, y en el interior, que está cultivado, aparecen antiquísimos vestigios de cerámica. Está ese castro a orilla del arroyo de la Armuña. En medio del valle pantanoso, donde a veces se hunden y desaparecen los bueyes que por allí pacen, se levanta el Teso de la Encina, en el que hubo una ermita de la Virgen hasta 1860. En esa cumbre tendrían el santuario los habitantes del castro hasta que se cristianizó más tarde.

 Al paso del arroyo no se ven señales de puente, de ahí los trabajos y penalidades que pasaron los abuelos al atravesar con carros, calamidades que aún se recuerdan por esta tierra. Sigue la Calzada a la derecha de la carretera como camino muerto, después se borra toda huella porque los dueños de las fincas colindantes se la han ido apropiando; se nota el lindero de las propiedades que todas vienen a fenecer en la misma línea, como posteriores que son al camino.

 Junto a la caseta de camineros vuelve a ponerse a la izquierda de la carretera y sirve de camino de carros y de herradura hasta Calzada de Valdunciel. Atraviesa el pueblo, cuyo nombre está recordando el paso de la Calzada, por la calle del Carrascal (5) , por la plaza y luego cruza un regato en que hay troncos de miliarios por pasarelas, desgraciadamente sin letreros (lámina XV-47).

 El brocal de la Fuente Buena es una estela romana, con busto humano en la parte superior; sostiene con la mano derecha un vaso, a manera de ofrenda, en la parte baja del pecho. La otra mitad de la lápida estaba destinada a inscripción, de que se ven rasgos, más nada aprovechable. Tiene grabada una cruz y acaso al ponerla picaron la inscripción que invocaría a los dioses (lámina XV-48).

 En los altos de esta localidad estaba la ermita de Santa Marina, la de San Pedro y la Cruz de Santiago, que pueden ser lugares dedicados primeramente al culto de los ídolos, y cristianizados más tarde. Hay un término llamado Valduercos, que tal vez significa val de orcos, o valle de los infiernos. Valdoñegas es otro topónimo de aquí, que parece recordar los primeros pasos del castellano.

 La cuesta por donde sigue la Calzada hacia el norte ha sido profundamente rebajada para suavizar la pendiente. Por la izquierda de la carretera continua hasta Val de Negrillo de Huelmos, en que cruza a la derecha hasta la raya de Cañedino, luego se dirige a Izcala, la antigua Sibariam, de que ha heredado tres vocales (6), y por el Cubo penetra en la provincia de Zamora.

 Hasta aquí la Calzada ha seguido la dirección norte. Desde Zamora, que es la 11ª mansión, comienza a dirigirse al oriente, en busca de Zaragoza, que es donde concluye.

Págs. 133,134

 Dejando atrás alamedas y sembrados, pueblos y alquerías, con paso del torbellino, y aproximadamente por el trazado de la Calzada de la Plata, atravesamos Cazurra y Peleas.

Si vas a Peleas

pon la ropa donde la veas (7).

Poco más adelante se hallan las ruinas del famoso convento de Valparaíso, obra de los siglos XII y XIII (8), donde nació el rey San Fernando.

Después del Cubo del Vino volvemos a la provincia de Salamanca por Izcala, antigua Sibariam, décima mansión en el camino romano de Mérida a Zaragoza. A nuestra derecha está Izcalina, y más allá Santiz, donde hubo un castro conocido con el nombre de Teso Santo, por haber sido cristianizado con San Cristóbal. No anda lejos Zamayón, residencia del Comendador de la orden de San Juan de Jerusalén en el siglo XVI D. Antonio Zenteno, ya citado. En Santibáñez de Cañedo, coronando una loma al lado del pueblo, está el viejo castro que llaman el Castillo.

Lo más notable de este recorrido es el castillo palacio de los Fonsecas (lámina XXI-68) en Villanueva de Cañedo, obra plateresca de los siglos XV y XVI que encuadra perfectamente en las calles de Salamanca, pues debe ser considerado como una prolongación de la ciudad. El foso inundable, el patio de esbeltas columnas, y caladas balaustradas, las ventanas con primorosas labores platerescas, la escalera gótica, comparable a la de la Universidad, los ricos artesonados, los pasillos y las obras de forja dan a esta casa de campo el aspecto de mansión señorial, morada propia de reyes.

La noche callada y silenciosa viene empujando al día trabajado y moribundo, que, vencido, se escapa hacia el occidente desplegando la rica gama de brillantes colores, que reserva, como el cisne, para hacer ostentación a la hora de la muerte. Nosotros vamos a dormir a Salamanca, que ya conocemos el camino.


NOTAS:

1.- Los llamados popularmente pontones.

2.- Es decir, la existencia de una doble presencia toponímica (Izcala e Izcalina) atestigua la importancia antigua del asentamiento. La Izcalina es dehesa situada al N de Valdelosa.

3.- Desinencia en acusativo, de la que Roldán Hervás, siguiendo una sugerencia de Gonzalo Arias, infiere que Sabaria no estaba al pie de la calzada, sino que, en este punto saldría un ramal hacia el emplazamiento exacto del poblado, situado por él en el paraje de Torre del Sabre, a unos 4 km al W de la carretera.

4.- En latín, saepta ‘cercado’.

5.- No parece fundada esta hipótesis sobre el trazado de la vía. El eje primitivo del pueblo es la C/ Santa Elena, y el camino viejo de Salamanca pasaba por este eje. Allí estaba situada la ermita de Santiago; y allí se sitúa la primera iglesia románica, sustituida luego por la actual. Todo apunta pues a la Calle de Santa Elena como continuadora del camino romano. El trazado continuaba por la Calle Zamora (antes Calle Calzada de Zamora), cuyo nombre fue alterado por acuerdo municipal para adaptarse a la moda turística de la vía romana.

6.- Sin embargo, es visible que no hay conexión etimológica alguna entre Izcala y Sibaria.

7.- Añaden: “que la veas, que no la veas, no te fíes de los de Peleas”. Dictado tópico banal, que se repite en numerosas localidades de igual rima.

8.-Gómez-Moreno, loc.cit. pág. 201