ROLDÁN HERVÁS, J.M. (1971): Iter Ab Emerita Asturicam: El Camino de la Plata, Memorias del Seminario de Prehistoria y Arqueología, nº 3, Universidad de Salamanca.

Págs. 143, 144

 El segundo tramo de la calzada desde Salamanca hasta el fin de la ruta en Astorga lo establecemos de la siguiente manera:

 Desde la antigua Puerta del Sol la calzada atravesaba lo que después sería Salamanca por la calle de Meléndez Valdés hacia la puerta de Zamora. De allí continuaba por el Paseo del Gran Capitán al Prado de los Panaderos, para juntarse con la actual carretera de Zamora (láms. IV, 28; XI, 3).

 Desde la media Luna, rotonda elevada a 830 m , se alcanza a ver el paisaje sobre el que avanza hacia el norte: un terreno amplio, llano, dedicado a labor, en la región agricultora de Salamanca que el Tormes limita. Al seguir exactamente el mismo trazado que la carretera, nada se ha conservado de ella, bien es verdad que en ningún caso hemos de encontrar empedrado por todo el trayecto.

 Juntas, calzada y carretera marchan por espacio de cinco km . A la izquierda hacia el oeste se separa de la carretera un camino hacia Villamayor, la cantera que proporciona a Salamanca su piedra dorada. Allí se desprende la calzada a la izquierda y marcha en línea divergente hacia Aldeaseca de la Armuña (lám. XXXII, 3) que atraviesa por su centro mientras la carretera lo hace por su extremo oriental. Desde aquí y a la salida vuelven a aproximarse hasta cruzarse; la calzada entonces a la derecha se adentra en un pinar (lám. IV, 29).

 Con una amplia curva y ya en el término de Castellanos de Villiquera entramos en el primer vestigio de época primitiva desde la salida de Salamanca. Se trata del castro conocido con el nombre de la Septa a 8,7 kms. de Salamanca. En octubre de 1967 realizamos unas pequeñas exploraciones en su perímetro que dio por resultado el descubrimiento de la muralla de tierra apisonada y abundante cerámica. Quizás el nombre de Septa, de septare ‘rodear’, según el P. Morán (1), le venga del hecho de que la calzada rodea la loma del castro por su orilla occidental (2).

 Desde allí la calzada cruza el arroyo de la Encina y vuelve a aproximarse a la carretera. Muy juntas, calzada a la izquierda y carretera a la derecha, cruzan frente a Castellanos de Villiquera que queda kilómetro y medio al oeste. Nada ha variado en el paisaje. Los campos labrados se suceden uno tras otro.

En el kilómetro 222 de la carretera, por terreno de Los Largos (3), la calzada cruza a la izquierda y divergente de la carretera va a buscar directamente el pueblo de Calzada de Valdunciel que de ella toma el nombre y que atraviesa por la calle central (láms. IV, 30; XI, 4). A la salida, al cruzar el arroyo de la Vega, quedan como pasarela abundantes fragmentos cilíndricos de piedra que el P. Morán considera como miliarios. Sin embargo el hecho de que sean tantos, de que no existan en absoluto al norte de Salamanca y de que todos sin excepción sean anepígrafos a lo que viene a añadirse una serie de restos de edificaciones y de fragmentos de columnas, amén de estelas romanas, nos hace dudar de la tradicional atribución (lám. XXXIII, 1).

 En efecto, pegada a la calzada y junto al arroyo a la derecha, quedan abundantes restos de edificios y piedra de cantería desperdigada por los alrededores. No todos son columnas o miliarios en la pasarela: en ella puede verse un área rectangular con nicho en la parte superior que desgraciadamente no guarda inscripción. En la parte oriental del pueblo ya en las afueras queda otra lápida muy interesante, aunque las letras están tan borradas que no permitan su lectura en absoluto. Se trata, como cree Gómez-Moreno (4), de una estela sepulcral y actualmente sirve de brocal a la Fuente Buena (lám. XXXIII, 2). Es de granito y mide 1,60 x 0,53 x 0,36 ms. de grueso. Está cortada por abajo y algo incompleto el semicírculo de su cabeza. Quedan, como decimos, algunos vestigios de letras dentro de un recuadro. Pero lo más interesante de esta estela es la parte superior donde aparece esculpida en medio relieve una figura femenina de medio cuerpo, con una mano sobre el estómago y la otra, la izquierda, sosteniendo una especie de taza. La labor del conjunto es muy grosera y no existe detalle alguno. Sin embargo junto a los otros restos revela una romanización y posiblemente un núcleo rústico o urbano, es decir, una villa dedicada a la agricultura o un edificio o grupo de ellos en relación con el camino. Quizás una mutatio’ (5).

Tras pasar el arroyo la calzada asciende hasta los 821 ms. por una pequeña loma que ha sido cortada para permitir su paso. Atravesada una charca (6) y por terrenos de Valhondo el camino se bifurca. Hacia la derecha va a buscar otra vez la carretera, hacia la izquierda se dirige al valle que forma el arroyo de la Rivera. Hemos seguido ambos y evidentemente la calzada es el que toma la derecha, cruzando la carretera y dirigiéndose luego por el lado derecho de ella a buscar Cañedino. En cortos trechos parece observarse un cierto empedrado o al menos firme que falta en el de la izquierda que por otro lado se corta bruscamente al llegar al arroyo.

 Pasada la estación de Huelmos y el arroyo de la Rivera (7), calzada y carretera, a las que viene a unirse el ferrocarril de Plasencia a Astorga, marchan muy próximas en un trecho de 3 km . Es el término de Villanueva de Cañedo donde alterna la labor con bosques medio pelados de encinas y jara (lám. IV, 31) (8).

 La calzada sirve desde aquí y ya hasta Astorga, con pequeños trechos oscuros y otros en que se separa, de cordel de ganados de Extremadura a Astorga. Precisamente es esto lo que la ha salvado de desaparecer; el continuar una función ha permitido que se conserve al menos en su trazado general ya que no en su primitiva estructura.

 Desde la Estación de Villanueva de Cañedo y en el término de Topas por un terreno más abrupto de monte bajo con bruscas cortaduras, la calzada con la carretera cruza los terrenos de Calabacero, Carramayalde, las Abrigadas, los Vallejos del Soto y entra en Izcala, considerada casi uniformemente hasta la fecha, bajo la autoridad del P. Morán, como la primera mansio del norte: Sabaria. Ya hemos hecho la crítica a este respecto. Aquí sólo hay que indicar que hacia el límite de las provincias de Salamanca y Zamora por los Altillos se separa un camino secundario a la derecha que va a buscar la Torre del Sabre (9), lugar de ubicación que proponemos para la mansio; son los escasos 31 km que exigen las 21 millas que el Itinerario señala. Con esto queda a la vez explicado el acusativo del nombre de la mansio (lám. XII, 1).


NOTAS:

1.-C. MORÁN: Mapa histórico de la provincia de Salamanca, Salamanca, 1940, p.12

2.- Es improbable, pues el término en cuestión suele aludir más bien a los cercados o setos (palabra ésta del mismo origen), denominación más apropiada para un castro.

3.- El topn. Los Largos aludirá a la forma de las tierras. Es frecuente encontrar en toponimia designaciones de parajes como Las Longueras, Los Largos y similares. En nuestro caso, es probable que el término haya descrito en origen alguna antigua roturación longitudinal que aprovechara zonas de pasto anejas al camino romano.

4.-GÓMEZ MORENO: Catálogo Monumental de la provincia de Salamanca. Madrid, 1967

5.- Es decir, una casa de postas o lugar donde se produce el relevo de caballerías

6.- La charca de Valdoñegas. En rigor la bifurcación (Los tres caminos) se produce antes de que se insinúe la vaguada de Valhondo. El Carril de las Monjas, sin embargo, sí se dirigía hacia el citado valle.

7.- La Rivera de Cañedo o Rivera Tuerta.

8.- La vegetación, rica aunque castigada por incesantes intervenciones sin control ambiental, incluye también notables pies de quejigo, alcornoque y algún rebollo.

9.- Situada por Roldán Hervás en el rincón SW del término de El Cubo. La información contenida en “El miliario extravagante” coincide con esta atribución y especifica que Sabaria estaba enclavada sobre la vía Bletissa (Ledesma) – Octoduro (Toro) (la llamada Calzada o Cañada Toresana), poco antes de su cruce con la calzada de la Plata a la altura de El Cubo.